Ceremonias Londres (1): El estadio-escenario

Los Juegos de Barcelona, Atlanta y Sídney  fueron los primeros en transformar el estadio olímpico en un inmenso plató de televisión (fondo azul en Barcelona). Pekín dio un nuevo paso más hacia la transformación del estadio en un gran escenario para la producción de imagen y sonido.

Londres 2012 ha culminado este proceso. El terreno de juego se transformaba en estudio cinematográfico para representar la campiña o el papel de la Gran Bretaña en la revolución industrial. Las gradas se transformaban en plataformas de luces y colores elevando el espectáculo de imagen y sonido a la máxima expresión conocida.

Atlanta fue la primera en  introducir una furgoneta en el estadio para simbolizar las fiestas populares en el sur de los Estados Unidos, en Londres aparecieron camiones, taxis, bicicletas, motos, plataformas publicitarias, que ofrecían una continua movilidad.

Barcelona fue la primera en recrear un barco (Fura del Baus) para expresar su historia, y la primera en introducir un caballo en la ceremonia. En Londres la historia y el folklore se expresaron  por tierra, mar y aire. Estructuras aéreas en construcción y deconstrucción. Los actores aparecían y desparecían colgados de ingenios inverisímiles, saliendo de techos y azotas (como el propio Whinston Churchill) y navegaban en barcos imaginarios del poderío británico. Incluso la Reina de Inglaterra, mezclando realidad y ficción, viaja como Mary Poppins aunque sustituyendo el paraguas  por un  helicóptero a lo James Bond.

El productor de la ceremonia – el cineasta Danny Boyle – había manifestado su reticencia a que la producción televisiva fuese confiada a los expertos en cobertura deportiva. Era lógico.  La producción, aprovechando la creatividad de todas las anteriores ceremonias, rompía esquemas.

Los productores británicos, seguros de que nadie puede discutir su tradición deportiva, se tomaron algunas licencias en el protocolo: el estadio perdía sus principales referentes deportivos como el tartán, también se optaba por sustituir  el pebetero, “la” llama olímpica, por un fuego de fuegos en una nueva simbología que se relacionaba con la multiplicidad de delegaciones.

El difícil equilibrio entre representación de la cultura de la sede y  los rituales y símbolos olímpicos (los añillos, la antorcha, el himno), se inclinaba finalmente a favor de la primera, cuando el escenario reproducía el esquema de la Union Jack británica, transformada en imagen de fondo y en caminos para la circulación de los actores e iconos de su industria cultural y turística.

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